Mazatlán donde sobreviven tres oficios: trabajar la piel, la madera y el agave

Wednesday, 28 October 2026 12:38 Written by Mario Gómez

La Noria cuenta con experiencias de turismo rural, actividades de aventura, gastronomía, recorridos por sus talleres artesanales y puede combinarse con una visita al Malecón, el Centro Histórico y las playas de Mazatlán.

A unos 30 kilómetros de Mazatlán, entre calles tranquilas y construcciones tradicionales, se encuentra La Noria, una comunidad rural donde trabajar la piel es mucho más que una actividad comercial: es un oficio que forma parte de su identidad. En sus talleres, los artesanos transforman la vaqueta y otros materiales en huaraches, cinturones, bolsas, sillas de montar y accesorios que conservan la tradición de la talabartería sinaloense

La talabartería tiene raíces ligadas a la vida rural y a las actividades del campo, donde los artículos de piel han sido utilizados durante décadas. Con el paso del tiempo, los artesanos han diversificado su producción para atender nuevos gustos y necesidades, incorporando accesorios que también encuentran compradores entre quienes visitan el poblado. Detrás de cada pieza hay conocimientos sobre el manejo del material, técnicas de elaboración y trabajo manual que distinguen a estos productos de los fabricados en serie. Para los viajeros, recorrer La Noria representa una oportunidad de conocer este proceso de cerca, visitar los talleres y adquirir piezas directamente de sus creadores.

La visita también permite hacer una pausa para probar la cocina ligada a las costumbres del campo sinaloense, presente en los restaurantes del poblado, donde las recetas caseras y los guisos tradicionales forman parte de la vida cotidiana. Entre las preparaciones más destacadas se encuentran la sopa de ombligo, la pepena, los burros prietos, los quequis, el hígado encebollado, el chilorio y la machaca.

Los domingos, el tianguis La Noria, Mi Pueblo Querido, instalado en la Plazuela Miguel Hidalgo, reúne puestos de comida y productos artesanales de la localidad, por lo que es otra alternativa para conocer los sabores de la región y el trabajo de sus productores.

La experiencia en La Noria se complementa con un recorrido por sus calles, la plaza principal y la parroquia de San Antonio de Padua, un templo del siglo XIX que forma parte de su patrimonio arquitectónico. La visita también puede incluir talleres de muebles de madera, otra de las expresiones artesanales de la localidad.

La producción tradicional de destilados de agave constituye otro atractivo de la comunidad. Los visitantes pueden acercarse a esta actividad mediante recorridos en establecimientos que ofrecen experiencias relacionadas con la elaboración de bebidas regionales, siempre de acuerdo con la disponibilidad y las condiciones de acceso de cada lugar.

El entorno rural también ofrece opciones para quienes buscan actividades al aire libre. En el corredor turístico de El Habal-La Noria se promueven experiencias de aventura como tirolesas, senderismo, paseos a caballo y recorridos recreativos. La disponibilidad de estas actividades depende de los prestadores de servicios y conviene confirmarla antes de organizar el recorrido.

Después de explorar el poblado, la ruta puede continuar en Mazatlán, donde el paisaje cambia del ambiente rural al mar del Pacífico. Un paseo por el Malecón permite caminar en la playa y disfrutar de sus vistas, mientras que el Centro Histórico ofrece una alternativa para caminar sus calles, conocer la Plazuela Machado y descubrir la arquitectura que distingue al puerto. La jornada puede terminar con una comida de mariscos o con el atardecer frente al océano.

La cercanía entre La Noria y Mazatlán es una gran oportunidad de sumar experiencias distintas durante un mismo viaje: conocer a quienes mantienen vivos los oficios artesanales, probar sabores regionales, explorar una comunidad con historia, así como también disfrutar de la costa y sus atractivos ¡así que haz tus maletas y planea tu viaje!

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