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Hell & Heaven 2016: entre el Cielo y el Infierno

Hell

Todo festival es un mundo superior con su propio infierno. En el caso de la edición 2016 del HHfest, abrir la convocatoria de prensa se convirtió en un problema de logística. La fila de las acreditaciones tuvo un recorrido en el que

cronometramos 4 horas y media para avanzar 100 metros; íbamos a la espectacular velocidad de 25 m/hr, la cual podía poner tensa a cualquier tortuga. Dentro de esa experiencia extraña y memorable, conocimos medios de toda la república, algunos venían bajando de un viaje de 10 horas para formarse en aquel limbo, otros nos contaron su historia de vida. Hubo tiempo para reencontrarse con amigos de antaño. Hubo quien nos contó que había llegado a las 8 de la mañana a la fila, para entrar al festival a las 2 pm. Hubo quien se metió en la fila y nos dijo “vi gente que se metió en la fila, y yo aquí horas formadito como p**¨¨, pues ni m*¨[[[“. Si se quiere evitar que cosas como éstas sigan pasando, es necesario darle otra revisada a las hojas de la logística. Al final, uno dice: vendo mi alma por cubrir este evento. Y en LiveTalent pensaron lo mismo.

 

Heaven

A veces es el ego, a veces la ciudad, a veces los organizadores, o a veces simplemente Dios, en su faceta de delincuente juvenil, el que impide que las cosas ocurran. Lo cierto es que, en cuanto a la música, el resultado fue completamente celestial: todo mundo entregó lo suyo, o como dicen los futbolistas, el 110%. Los asistentes como las bandas, los ingenieros y el equipo de sonido, las bocinas y la seguridad, y hasta Tlaloc, que concedió inundar otras zonas de la ciudad, se alinearon del lado del Heaven. De lo que nos consta: Rammstein es más que una banda, es un teatro de fuego. Hay bandas que tocan, ellos incendian. Todo amante no sólo del metal, sino de la música en general, debe verlos alguna vez. Suicidal Tendencies hizo un acto de hechicería: en algún momento, no era ya un festival de 80 mil personas, sino un barrio latino de L.A. admirando a unos pandilleros recién salidos de San Quintin. Más de 50 personas (e incluso un tipo en silla de ruedas, lo juro por Dios) hicieron mosh pit en pleno escenario. Amon Amarth puso a dos tipos con yelmo, escudo y espada a darse fuerte en el escenario. Johan Hegg, voz de los deathmetaleros, no pudo ocultar su emoción al surcar con la mirada el mar mexicano, moviéndose a su favor. Los mexicoamericanos de Thell Barrio nos recordaron la responsabilidad que se contrae al liderar un escenario como éste: “A esta nación le faltan 43, pero nosotros venimos a sumar”. Lo que se puede decir, se debe decir.

Suffocation fue el trago más duro del día: brutalidad pura para metalheads de cepa. Dragonforce entregó el momento de power metal, uno de los subgéneros más queridos por la escena mexicana. P.O.D. nos recordó que el rollo del nu metal era en serio. Puede vanagloriarse el público de haber escuchado en vivo “We´re not gonna take it” y “I Wanna Rock”, dos banderas del rock pesado de todos los tiempos, en la jubilación de los “sick mother fuckers” Twisted “Hermana”. La sangre siempre hirviente del metal en México se renueva y se expande, levantado termina el meñique y el índice por el hh 2016. Un poco de todos los géneros. Un poco de genuino metal caído del cielo para todas las edades, para los duros y los suavecitos, para los curiosos y los clavados, todos al fin, integrantes de una secta llena de respuestas.

Por: Emilio Revólver

Twitter: @emiliorevolver

Fotografía: Einar Mújica y Archivo H&H

Twitter/Instagram: @eldoctorgeek

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